viernes, 16 de febrero de 2024

Acuerdos y pactos

 


ACUERDOS Y PACTOS 

En artículo anterior aludía a la necesidad de las alianzas, de la colaboración entre los políticos y partidos políticos, instituciones, dirigentes y la sociedad civil, como el mejor método para el impulso social y económico del país. Y también aludía a la necesidad de un cambio en la Ley Electoral, para entre otras cuestiones, que los diputados dependan de los ciudadanos, no de los partidos. Como para obtenerlo se necesita de acuerdos entre los partidos políticos, no se hagan ilusiones… no lo verán.

Este artículo, pretendo dedicarlo a la necesidad de los acuerdos, de los pactos, de los Pactos de Estado, para trabajar en unión y en la misma dirección, fundamentales para conseguir el mejor crecimiento y bienestar. Aunque la competencia sana, el estímulo, el incentivo…son buenas competencias y habilidades para progresar, pienso estamos viviendo en general y socialmente, unos tiempos muy convulsos, para los cuales se requieren de otras ¨habilidades¨…

Entendiéndose por Pactos de Estado a la denominación que se da a los acuerdos y pactos entre partidos políticos de tendencias opuestas, para determinar en aquellos asuntos de trascendencia, las acciones y estrategias a desarrollar por los gobiernos a largo plazo, sin importar que partido conforma el gobierno en cada momento. Diagnosticar y actuar, sin pensar en intereses partidistas, sino en el bien general, y a medio y largo plazo.

Exponía que estamos viviendo tiempos convulsos, tanto, que sería ideal pensar en la necesidad de compartir, no de competir… y a todos los niveles. Me pregunto, ¿Cuántos Acuerdos, Pactos de Estado, están vivos y en aplicación? ¿No tienen la sensación que el enfrentamiento, el construir muros en vez de puentes, está dominando nuestra acción política y gubernamental?

Son muchos los temas que por su importancia merecerían de unos Pactos de Estado. En mi opinión, el primero sobre la ¨Educación¨. Recientemente se ha conocido el informe PISA, un estudio internacional que desde el año 2000, evalúa el rendimiento académico de los alumnos (de 15 años) de diversos países. Este año, el informe ha arrojado unas conclusiones desastrosas para nuestro país.

El experto Josán Montull, dedicó al respecto, un excelente post en su blog ¨A contracorriente¨.  Reflexiona sobre la multiplicidad de leyes educativas en nuestro país. Estamos en la ley número 10 de las habidas en la democracia. Cada gobierno que llega al poder cambia la ley, principalmente si es del gobierno anterior. Comenta que es imposible que los enseñantes puedan asimilar las efímeras novedades legales. Y que las leyes de educación se hacen con criterios políticos, no educativos. ¿A qué esperamos para que se acuerde y determine un pacto entre los partidos políticos y las instituciones implicadas?

Si ponemos el foco en la Sanidad, la Justicia, el Agua, las Pensiones, el Empleo, la Fiscalidad…. ¿Por cual empezamos? Y, pregunto: ¿la situación de la Deuda Pública (en cifras históricas) no requeriría de unos acuerdos, de unos pactos? Es inevitable pensar y actuar sobre los gastos, con el V.B. de todos los partidos. Y por supuesto de una estrategia a corto, medio y largo plazo para ir reduciendo su montante y la carga que está suponiendo y que supondrá para futuras generaciones.

Anteriormente aludía a los pactos vigentes, uno de ellos es el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Aprobado en diciembre de 2017, ratificado por los distintos grupos e instituciones, supuso un hito histórico en nuestro país. Con la voluntad y necesidad de eliminar la violencia contra las mujeres, todos querríamos una sociedad libre de violencia. Medios y recursos se han puesto y se están poniendo, pero… sus resultados son conocidos y evidentes.

Otros pactos, cómo los Pactos de La Moncloa de 1977, nacieron como un ejemplo y modelo a seguir, funcionaron en su momento, pero actualmente se han convertido en una utopía imposible de cumplir por la política española. Y lo mismo podríamos decir de los Pactos de Toledo, sobre las pensiones. Tema de obligada intervención, YA. La Deuda de la Seguridad Social ha cerrado 2023 con un volumen récord. Se ha disparado el 9,4% a lo largo del año, hasta alcanzar la cifra histórica de 116.173 millones de euros. ¿Cuánto superávit dijimos que alcanzaría la Caja de la S.S.?

Y así podríamos ir ¨desgranando¨ y analizando diversos asuntos de interés nacional y general. No obstante, quiero mirar hacia el asunto Empleo. ¿Qué les parecen los últimos acuerdos sobre la subida del salario mínimo interprofesional? Me da la sensación, que difícilmente se puede denominar ¨acuerdo¨ a decisiones unilaterales. No dudo que tengan las atribuciones, pero obviar y no contar para nada con la parte ¨pagadora¨…

No querría olvidarme del mundo empresarial. Personalmente soy de la opinión que los acuerdos, las colaboraciones, las uniones temporales, son un buen método para crecer. Buena fórmula (poco utilizada) para acceder a determinados proyectos, difícilmente alcanzables individualmente, y que permite concurrir y alcanzarlos entre dos o más empresas complementarias. Otra forma de crecer.

Finalizo, compartiendo un comentario con un amigo. Durante la conversación se suscitó la poca dignidad que tienen algunos políticos, y le contesté, lo que le hubiera contestado mi padre (la cuestión es muy antigua), ¿Qué no tienen dignidad? La tienen toda, ¡no la gastan!

Miguel Angel OTIN LLORO



sábado, 3 de febrero de 2024

Público vs privado

                 

  

PÚBLICO vs PRIVADO

En artículo anterior sobre responsabilidad social, mencionaba la ¨responsabilidad ciudadana¨, y la co-responsabilidad individual y colectiva. Reitero la necesidad de una ¨comunión¨ y unión de la sociedad. Sociedad que la conformamos tanto el sector público como el privado. Y por supuesto, con el debido respeto a determinadas instituciones.

Soy un enamorado de las alianzas (incluso de la matrimonial). ¿Alguien duda de que la colaboración público y privada, es el mejor impulso para el desarrollo social y económico de un país? Mencionaba que la sociedad la conformamos (y debería ser al mismo nivel), el sistema político y la sociedad civil. No obstante, actualmente parece que algunos políticos se consideran seres superiores o dioses. Señores políticos, señores gobernantes, son administradores, no propietarios. ¿Dónde queda aquello de que los políticos somos servidores públicos?

Decidí escribir sobre esta temática al leer que la ministra de Trabajo, quería proponer la incorporación de empleados en los consejos de administración de las empresas. Por supuesto empresas del sector privado. Bajo el pretexto de democratizar la gestión empresarial, la medida contempla que su misión sería la de comprobar el reparto de dividendos. Otro ejemplo. De los 14 presidentes de las empresas del SEPI, 12, están vinculados al PSOE. Y en breve, serán los 14.

¿No creen que de alguna manera es volver al concepto de los comisarios políticos de otros tiempos? Y propio de otros sistemas. Sin dudar algunos políticos y dirigentes actuales, están mucho más interesados en el control de instituciones y empresas que de gestionar y administrar los fondos públicos, que en definitiva es para lo que están elegidos.

Señores políticos, personalmente no endosé mi voto. No voté para que mercadeen con mi voto, voté para que gestionaran, para que administraran los bienes e intereses comunes y pensando en el bien general, no en intereses particulares o partidistas. No voté para que controlaran todo. No voté, para que negociaran (innegociables) concesiones a cambio de seguir en el poder, eso no es democracia. No voté, para satisfacer a determinados personajes que entre otras facetas, son unos auténticos bocazas, unos esbocarrados, unos bocarranas, unos bocachanclas. Voté, para como ciudadano, tener y poder ejercer mis derechos. Derechos que no se limiten a votar cada 4 años.

Un aspecto que he ¨aprendido¨ por mi colaboración con algunas asociaciones civiles, es que a los políticos no les gusta les digan lo que tienen que hacer. En algunos casos por su personalidad (son muy orgullosos), y en otros muchos, por el partido. ¿En algún tiempo se conseguirá que el dirigente, el diputado dependa del ciudadano, no del partido? ¿En algún tiempo se conseguirá que los ciudadanos podamos disfrutar de todos nuestros derechos políticos?

Considero interesante compartir y aludir a algunas frases, que pienso son de permanente actualidad. Una de Martin Luther King: ¨No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencia de los buenos¨. 

Otra similar también de M.L.K.: ¨Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos¨. Y que me dicen de esta de Einstein: ¨El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por aquellos que se quedan mirando¨.

Pero la más preocupante (desconozco el autor), en mi opinión es: ¨Los políticos y los  dirigentes saben que mienten, nosotros sabemos que nos mienten, ellos saben que sabemos que nos  mienten… y sin embargo siguen mintiendo¨.

Referente al aspecto corrupción, el Portal de estadísticas, Statista, recientemente ha publicado un informe de Transparencia Internacional, sobre el Índice de Percepción de la Corrupción 2023, según el cuál los países menos corruptos son: Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda. Y los más corruptos: Siria, Sudán, Venezuela y Somalia. Si les interesa, España ocupa el puesto 36 de 180 países analizados. La lectura, que hay 35 países con una gestión pública más ejemplar que la española.

¿Es necesario recordar y enumerar en cuantos asuntos ¨meten las narices¨ nuestros gobernantes, dirigentes y políticos? ¿Es necesario y enumerar en cuantos asuntos públicos, debería participar la sociedad civil y no lo hace? Lo que he pretendido en este artículo es destacar una vez más, que lo público y lo privado, no son antagónicos, son totalmente complementarios.

Vuelvo a referime a la conveniencia de poder ejercer plenamente nuestros derechos políticos, y entre otros que los diputados representen realmente a los ciudadanos no a los partidos. Y convendrán conmigo, que para lograrlo, es necesario cambiar la Ley Electoral. A fecha de hoy muy improbable. Digo improbable, por no decir imposible, puesto que los partidos que lo tienen que ejecutar, no están por la labor. Pero… pregunto: ¿Qué hacemos, que no hacemos nada para promover el cambio?

Miguel Ángel Otín LLoro